De qué sirve que nos estaqueen el amor en la frente si estallará en mil mentiras. Para qué pensar lila si no hay lluvia azul que modifique para siempre. De qué sirve que el pájaro cante hasta morir si nadie va a recordar el canto vivo del pájaro muerto. Por qué pensar en futuro si somos herederos de un viajero tuerto (quizás por eso). Qué motivo tiene observar la mosca sin poder contar sus fugaces aleteos, su libre albedrío absurdo.
La tarde aullaba en nubes erróneas, que deambulaban en formas tal vez pensables. Tin se diluía en eso, en esto y en otras cosas. La gente cita a Pizarnik indiscriminadamente, le susurró el canario rengo de su tía Marga. Chiquito y cruel, cantaba para no morir. Hasta agosto y su acierto felino. Tin miró tres veces hacia ambos lados, se arremangó su sweater a rombos y cruzó la calle. Incendió un cigarrillo y el momento siguió su curso, con o sin él, cruzó la calle.